domingo, 29 de enero de 2017

EL ESTRECHO DE VALDECABRAS Y LA HIPÓTESIS DEL VALLEJO DEL PUMAR




Vamos a irnos en esta entrada un paraje muy cerca de la capital, en este caso hablamos del pueblo de Valdecabras, ubicado dentro de una amplio valle por donde discurre el río de Valdecabras. Este arroyo, afluente del Júcar, sale de dicho valle por un estrecho. Antaño por allí sólo iba el río y es de suponer que alguna senda, pero entre finales del s. XIX o principios del XX se dinamitó aquello para poder meter también el ancho camino, y luego carretera, que va a Cuenca.




 El paraje en sí es el propio estrecho que recorreremos por sus bordes pero además os voy a enseñar unas misteriosas ruinas que hay allí, y os contaré un poco la historia relacionada con las pesquisas tendentes a averiguar que es aquello.

Hace unos años, una tarde fui a recorrerme el agreste Estrecho de Valdecabras por uno de sus bordes, un poco como harían las cabras.

 A orilla de la carretera dejaré el coche y por esa mini presa en desuso vadeare el arroyo de Valdecabras para subir por esa ladera.


Ya voy subiendo la ladera, al fondo a la izquierda se puede ver mi coche, y abajo a la derecha podéis ver el abrigo neolítico de Verdelpino. Antes de seguir por los bordes del estrecho, nos dejaremos caer hacia la izquierda de esta foto.

                    Allí hay unos muros de tinada de ganado adosadas a las paredes.


                                     Tinás que suelen tener un covacho para el pastor.


                                                             Una de ellas bastante profunda.


                                                Se les conoce como los Abrigos de las Tinás.


Volvemos al Estrecho donde nos podemos poner casi encima de la carretera. Sigamos por este lado derecho.

Un observador atento verá cosas curiosas por las paredes como esto. Me gustaría entrar dentro de esos ojos, pero habría que hacerlo con cuerdas.


                      Que paisaje tan chulo a apenas 8 minutos en coche de Cuenca.


              Podemos ver de donde venimos y el principio del Estrecho de Valdecabras.


 Si acercamos el zoom vemos cosas tan chulas como ese arco ojo que recibe a todo el mundo que se adentra en el estrecho.



              Arco visto desde la carretera. El río de Valdecabras iría por la izquierda.


 Nada más que se acaba el Estrecho, el valle se abre estando al fondo el pueblo de Valdecabras.


Vuelvo al Estrecho y de pronto al otro lado vi  un puntal rocoso con mucha pinta de ser inaccesible, y allí ubicado los restos de muro de lo que parecía ser una Tinada de pastores. Recuerdo que pensé: joer vaya sitios jodidos que se buscaban algunos pastores para poner sus majadas o chozos.

 De pronto apareció ese barranco conocido como el vallejo del Pumar, donde a la derecha.....


                        Vi ese puntal con una planicie de tierra más o menos llana.


Allí se vían restos de muros de lo que en aquel momento pensé que era una tiná de ganado. Un sitio un poco raro para la tiná pero no le di más vueltas.

 Otra perspectiva de los restos en el puntal sobre el vallejo del Pumar. Se ve tambien una especie de covacho cuevecilla en la pared rocosa.


Ahí quedó la cosa. Un año después más o menos, colgué esta entrada de Tinadas peculiares de la Serranía de Cuenca donde una de ellas era esta del puntal de Estrecho. Todo bien por ahora pero resulta que cosa de otro año después de colgar esa entrada, fui al Bar de Cabras, sitio imprescindible para tomarte los tercios después de una actividad en Valdecabras, sea senderismo, escalada o espeleología, o sencillamente tomarte las cervezas en un pueblo serrano.

Hablando con Raúl, el camarero,  me dijo que había visto una entrada mía de tinás de pastores y había un fallo pues la del Estrecho de Valdecabras nunca llegó a ser una tiná para el ganado. Que aquello él había oído decir que era restos árabes.

¡¡Arrea mis muelas!! La verdad que ya me extrañaba a mí lo de la tinada de pastores pero que aquello fueran restos tan antiguos y de tanto valor histórico y no se supiera nada más de aquello, me extrañaba aún más.

A tal efecto, no tardé en ir a visitar las ruinas comprobando el alto grado de inaccesibilidad de aquello. Estamos hablando de un perfecto atalaya situado en un puntal rocoso que se crea en uno de los bordes del Barranco del Vallejo del Pumar. Yo llegué de manera fácil por detrás, hasta situarme encima del puntal. Pero ahí se acaba lo fácil, pues una pared rocosa completamente vertical de 5/6 metros impide bajar. Yo me descolgué por un lateral de la ladera, pero es algo peligroso al ser terreno de piedra descompuesta que resbala con mucha facilidad. Una vez abajo, hay que volver a subir ayudándote de las manos hasta entrar en la planicie del puntal donde están los restos.


 Antes de ir al puntal, me puse encima del Vallejo del Pumar pero al otro lado para ver el puntal justo enfrente.


Los restos de muro son bastante extraños. ¿Que es esa especie de planta semi cuadrada que hay justo en la esquina? Llegué a pensar en un torreón de vigía o defensivo.


       Eso si, uno se queda asombrado de la espectacularidad e inaccesibilidad del sitio elegido.



Aqui una pespectiva trasera bajando al cauce seco del Vallejo del Pumar, un poco más arriba, por donde ya se puede cruzar.



Cruzamos el Vallejo del Pumar y seguimos por arriba hasta ponernos literalmente encima del puntal, viendo que ya no podemos avanzar más, pues hay unos 5 metros verticales.  Va quedando claro según se ve que de tinada o paridera de ganado no tiene sentido.

 Bordeamos por un lado, bajamos un poco y luego volvemos a subir, ayudandonos de las manos, mientras vemos el muro que delimita la terraza del puntal.


Ya estoy en la planicie que en esta parte no tiene restos de muro. Por aquí he subido y hay que tener mucho cuidado. De todas formas, quienes no esten muy seguros de trepar y de andar sobre pendientes descompuestas, aconsejo bajar por el cauce del vallejo en vez de venir por aquí.



Las otras dos maneras de llegar son 1) desde abajo donde está la carretera entrando por el Vallejo del Pumar, pero es muy desaconsejable pues hay que estar trepando continuamente por la ladera rocosa, con el consiguiente peligro de caerte y tener una desgracia; y 2) coger el Vallejo del Pumar desde arriba y bajar por él hasta llegar a la altura de los restos y subir un poco por la ladera. Esta opción tiene la dificultad de que en el fondo del cauce hay variada vegetación que hace el paso bastante penoso, aparte que además hay que trepar un poco pero para la gente no muy experta en terrenos rocosos y trepadas la mejor. Mencionar la curiosidad que en esta parte alta del Vallejo del Pumar hay unas escaleras talladas en la roca indicando que en tiempos pretéritos cuando el Vallejo iba seco (casi todo el año) se podía ir por él. No sabemos si para poder acceder a lo que hubiera en el puntal o para llegar al río desde la parte alta, aunque me inclinaría más por la primera opción.
 

 Aquí estamos en el cauce del Vallejo, que aunque se ve algo feroz, se puede pasar con cuidado con la vegetación y las piedras. Eso sí, nada de ir en mangas y pantalones cortos que te llenarás de arañazos.



                              Extrañas escaleras talladas en el cauce del Vallejo del Pumar.




En todo caso, una vez situado en esa planicie pude comprobar que vaya sitio tan acojonante. Desde allí arriba se veía el Estrecho (y la carretera) tanto en dirección Cuenca, como en dirección Valdecabras. En la pared rocosa vertical hay una cuevecilla de 2/3 metros de profundidad, y en los bordes de la planicie están los restos del muro de un grosor de 40/50 cm, muy bien conservado en algún tramo, teniendo en la misma esquina del puntal una extraña planta semicuadrada de muros y muchos restos de tejas alrededor, como indicando que esa extraña planta semicuadrada en la esquina tuvo tejado en su día. Además por la terraza se encuentra algún resto de muro de mampostería semienterrada por la tierra. Una vez allí lo único que pude comprobar que de tinada de pastores no tenía ningún aspecto.


                 Estoy en el centro de la terraza viendo que es de extensión bastante grande.


Lo primero que busco es porqué en la parte por donde he trepado y entrado a la terraza no hay restos de muro y encuentro estos restos de mampostería semienterrada. Parece que estamos ante algo bastante antiguo.

                        Vamos a los muros; este es que sale de la propia pared rocosa.


Comprobando que son de argamasa, mampostería pura y dura. Nada de hormigon ni cemento, cosa que apuntala la sospecha de la antiguedad del sitio.

                 Vamos a ver la extraña planta semi cuadrada desde todos los ángulos.






               Nos salimos de la construcción en sí para poder fotografiarla desde fuera.




                Pero tampoco mucho pues ya podéis ver el tajo que crea el Vallejo del Pumar.


                               Perperspectiva del muro exterior delimitando la terraza.


           Destrepe un poco y con mucho cuidado para poder ver el muro desde abajo.




     Y digo que hay que andar con mucho cuidado pues ya véis como está esto de vertical.


 Volvemos a la terraza pues aún no hemos hablado de esa grutilla que veis en la pared rocosa.



                        Curiosa la situación de esta gruta en el centro de la terraza.


 Solo se encuentran restos de tejas en la planta semicuadrada de la esquina y algunos restos en la boca de la gruta.


 Desde el interior de la gruta con el amigo Patxi en la boca para que nos hagamos una idea de la profundidad del covacho.



Hasta aquí llegaba mi exploración. Ahora necesitaba la ayuda de alguien más puesto en el tema, de un ducho en estas materias, y que mejor que enseñarle el sitio a mi primo Guillermo para que intentará arrojar algo de luz sobre las misteriosas ruinas del Vallejo del Pumar.

Llegado el día, lo inspeccionó minuciosamente y lo primero que remarcó es lo raro que era aquello, un sitio verdaderamente curioso.

Antes de todo, excluyo rápidamente lo de la tinada de pastores, no había rastro de humus antiguo de ganado ni en las sucesivas capas de tierra, además que las tinadas de mampostería no eran muy usuales, y solían ser corrales muy cerca de los pueblos, y no en mitad de ninguna parte con un acceso verdaderamente peliagudo.

Tampoco su uso industrial y artesanal, algún tipo de calera, peguera o carbonera. La inaccesibilidad del sitio excluye esa opción.

La condición de fortificación militar o defensiva también queda excluida al estar desprotegida por detrás. Cualquier se podía poner arriba de la pared rocosa de 5/6 metros y empezar a tirarte piedras hasta hundir aquello. Por eso, épocas históricas beligerantes como la Guerra de la Independencia o Guerras Carlistas, que aunque pudiera tener sentido  para cerrar el acceso al valle, queda descartada al no fortificarse la cima.

Hay que mencionar que dentro del Estrecho, al lado del río, existió un abrigo neolítico, el Abrigo de Verdelpino. No viene al cuento para nuestra hipótesis de las ruinas pero hay que conocer todo de aquel paraje.

También me han comentado que esa zona fue muy frecuentada por los Maquis. Descartamos de inmediato esa opción ya que los Maquis no se estaban levantando muros y construcciones, y mucho menos si se podía ver desde el camino como es caso de este puntal que hay un tramo de la carretera donde se vislumbra perfectamente un trozo de muro. Una vez que la Guardia Civil viera esa construcción allí arriba, solo tenían que ir por detrás, desde el Júcar hasta ponerse justo encima de las ruinas. De ser de esa época tan reciente habrían usado cemento en la mampostería, o directamente hormigón. Aparte que los pocos restos de mampostería semienterrados nos hablan de restos mucho más antiguos.

Ahora llega el punto importante, si eran árabes o no. Mi primo descarta esa posibilidad pues las tejas y el tipo de argamasa utilizado no es árabe sino como muy pronto de la Edad Media, o posterior. Hay que decir también que la zona de Valdecabras no fue frecuentada por los árabes, y no hay restos significativos de aquella época en esa zona.

Pero entonces a todos nos surge una enorme pregunta: ¿y qué demonios fue aquello? Mi primo y yo hemos indagado por otros sitios, y no hay información ninguna; sólo misterio y desconocimiento. Queda claro que lo que hubo allí se ha perdido irremediablemente por el transcurso de los siglos; no hay memoria viva ni memoria escrita sobre aquello, a no ser que alguien aporte algún dato veraz, y todo nos indica que estamos hablando de algo posiblemente de tiempos del Medievo o posterior, pero en todo caso bastante antiguo.

Le pido a mi primo que se moje y que diga lo que cree que pudo ser aquello. Su teoría o hipótesis es la siguiente:

Tomando como referencia central la cuevecilla de 2/3 metros que hay en la pared rocosa, aquello pudo ser un eremitorio. Vamos primeramente a buscar la definición de Eremitorio: “Lugar solitario habitado por un eremita, o por varios que viven separadamente. A veces hay una ermita o capilla que puede ser lugar de peregrinación.”

Interesante la teoría, ¿no os parece? Según mi primo, antaño pudo haber un santón, ermitaño o anacoreta que se retiró allí arriba a meditar y apartarse del mundanal ruido. Como podemos leer en la definición de eremitorio, había veces que después se terminaba construyendo algún tipo de ermitilla o capilla, como sería en este caso con los restos de muros de la planta semicircular con tejas en el suelo que hay sobre la misma esquina del atalaya.

Comenta también el carácter verdaderamente rústico y simple de la obra arquitectónica allí hecha, aunque llevaría sus muchas horas de trabajo levantar aquello en ese sitio. Los muros se levantaron para nivelar la terraza y el covacho,  y para dar cabida a un cierto aforo de gente, si aquello tenía culto. Inicialmente la planicie debiera tener más pendiente, de ahí la obra.

Y además plantea Guillermo que de haber sido un eremitorio, es muy posible que la tumba del santurrón ermitaño esté allí. El sitio más probable es el edificio de la esquina de planta semicircular. Es tan diminuto que no sirve para otra cosa que alojar una imagen, o cubrir una tumba.

La época que sucedió aquello es harto difícil de averiguar ante la falta de documentación pero ya hemos dicho que este absoluto olvido y desconocimiento sobre aquello en Cuenca y en el propio pueblo de Valdecabras, nos sugiere que debiera suceder hace mucho tiempo. Mi primo pronostica un rango cronológico que va del siglo XII/XIII hasta el siglo XVI/XVII.

La circunstancia de que en el pueblo se diga que son restos moros puede sugerirnos que los restos sean inmediatamente posterior a la expulsión de los moros de Cuenca, de aquella época histórica tan lejana,  pero estamos hablando de elucubraciones muy difíciles de demostración, por no decir imposibles. Me imagino que un estudio científico para averiguar la datación histórica de los muros y la argamasa nos sacaría de dudas en cuanto a la cronología del sitio pero en estos tiempos que corren es bastante inviable.

Mi primo me pone el ejemplo de San Julián el Tranquilo, obispo y patrón de Cuenca que, curiosamente no muy lejos de allí en la Hoz del Júcar, tiene su ermita hecha en su honor justo delante de la cuevecilla donde se retiraba a meditar y construir cestillas de mimbre. San Julián llegó a Cuenca en el año 1196 con 68 años. Su romería es celebérrima en Cuenca ciudad.

     Ermita de San Julián el Tranquilo (Foto gentileza de Fernando Carreras "Ecoexperience")



 Y detrás suya está la grutilla con manantial incluido donde el santón San Julian y su fiel San Lesmes oraban y hacían sus cestillas de mimbre que vendían para dar de comer a los pobres




Tambien el ejemplo de la Cueva del Fraile en la vecina Hoz del Huécar, también no muy lejos de allí. Donde unos místicos comenzaron su vida eremitoria en dicha Cueva y posteriormente comenzó su devoción y se construyó un convento para acogerlos y sujetarlos a regla eclesiástica. De aquel convento no queda nada, y actualmente aquello es un hotel.

 En un principio pensaba que esta cueva encima del hotel era la Cueva del Fraile, pero me dice mi primo que no, que es una que está a unos 600 metros barranco arriba.


 Con otra subgruta en su interior. Esta cueva por el murete que tiene en la boca ha sido refugio de pastores a lo largo de los años.



  
                               Hago la excursión y pronto encuentro la Cueva del Fraile.


                                           Cueva de boca de grandes proporciones.

Una cosa que hay que mencionar es que estos ermitaños eremitas en sus covachos o grutas debían pensar en tener agua cerca. No les podía faltar el líquido elemento y en ello debían pensar. En la Ermita de San Julián el Tranquilo, el manantial está dentro de la misma cuevecilla. En la cueva de nuestra hipótesis es de suponer que el ermitaño bajaba por el fondo del Vallejo del Pumar al río de Valdecabras En esta de la Cueva del Fraile encuentro hasta dos manantiales en su cercanía.

                                 Pequeño manantial a escasos 20 metros de la Cueva.


             150 metros barranco abajo en mitad de la ladera encuentro este manantial.


    Que por el tamaño y antiguedad del gamellon adivinamos que debe ser de más enjundia.


 Barranco abajo en un sitio más abierto y a unos 600 metros de la Cueva, en el siglo XVI se construyó un convento, más grande que la típica ermita. El trascurso de los siglos, desamortizaciones y desacralizaciones mediante, hicieron que aquello ahora sólo sea el complejo hotelero de Cueva del Fraile. Foto tomada de la página web cuencaconcaracter.com



Este par de ejemplos que me suministra mi primo, son claro ejemplo que esta área de las hoces del río Jucar y Huecar y valle de Valdecabras, cerca de Cuenca capital, fueron caldo de cultivo para el movimiento eremitorio allá entre los siglos XII y XVIII

Otro lugar es la Hoz de San Miguel de Hortalen, algo más alejada de estas, donde hay una ermita dentro de una cueva y todo comenzó con un eremita viviendo en dicho cueva. Hoy es centro de romería de la gente de Palomera, Mohorte y La Melgosa. 

                         Ermita de San Miguel, en un lateral de la Hoz del mismo nombre.


                                                Siendo una auténtica ermita rupestre.


 Con su altar en su interior donde se venera a este santón que comenzó su vida eremitoria dentro de esta gruta.



 Manantial de la Hoz de San Miguel a apenas 15 o 20 metros debajo de la Cueva ermita.



Me comenta mi primo algunos rasgos de estos fenómenos eremitorios. Hubo muchas con su devoción y culto popular pero cuando se extinguía la memoria del santón que allí vivía, desaparecían rápido, además con la ayuda y beneplácito de Iglesia que no le hacía mucha gracia estos arranques de devoción a ermitaños. La postura oficial de la Iglesia Católica era desinflar cuanto antes estos fenómenos. Si la devoción no bajaba e iba a más, al final acababa de santo oficial u oficioso (como en los casos de San Julian en Cuenca y San Miguel en Palomera), aunque esto ocurría en muy pocos casos. Además las romerías era difícil que se mantuvieran si era en sitios escarpados y alejados.

Para finalizar arguye mi primo que este ermitaño, seguramente algo lunático y excéntrico, con fama local de santo, por el motivo que fuera, generó un movimiento de devoción popular de alcance corto (posiblemente el pueblo de Valdecabras o la aldea de Verdelpino).

          Aldea de Verdelpino de Cuenca a apenas dos km del Vallejo del Pumar.



                                         Valdecabras a unos 3 o 4 km del Vallejo del Pumar.


Hay un último dato que no quiero dejar pasar y es el significado de Pumar, ya que así se llama el Barranco donde estas nuestras ruinas, el Vallejo del Pumar. Leo que es una palabra de etimología cantábrica, más concretamente asturiana. Hay un pueblo en Asturias llamado así, y también es un apellido con origen en aquellas tierras. Se puede pensar que el santo en cuestión se llamara Pumar o viniera de aquellas tierras para repoblar la España reconquistada, pero hay que saber que tanto el pueblo como los apellidos provienen del mismo significado: Pumar que es la manzana o poma, propia de aquellas tierras y por extensión también se le denomina así al manzano. Todo esto hace que me incline por la teoría que en tiempos pasados, bien el fondo del Vallejo, bien en la terraza de nuestro puntal, hubo manzanos, cosa que ahora no es así tras un minucioso barrido de la zona.

                                 El Pumar o manzano (Foto de la Universidad de Oviedo)


Conocedor también de la sabiduría de los mayores, le pregunto a mi madre por el significado de Pumar, y ella me dice que son los manzanos pero tambien conoce el de Pomar y pomas, y aunque también se puede llamar así a un tipo de manzana, me dice que es un localismo de la provincia de Cuenca, siendo las pumas un tipo de ciruelas alargadas y el Pomar el ciruelo que da esas ciruelas.

En todo caso, aquí va la crónica con fotografías de todo esto que os cuento. 
Dar las gracias a mi primo Guillermo De León Virtudes por ayudarme a aclarar esto, o mejor dicho, a intentar aclarar pues seguimos sin saber a ciencia cierta que hubo allí arriba.


Y por último, sirva esta entrada de homenaje a Juan, alias la Liebre, que nos ha dejado huérfanos de uno de las personas más peculiares y especiales del paisanaje conquense. Su ausencia es desoladora pues su recuerdo es muy intenso, y haberle conocido e intimar con él es un regalo del que me siento enormemente orgulloso. 
El fue uno de los primeros que le comenté esta historia del Vallejo del Pumar, pues también es un entendido de Historia y restos antiguos. Quedamos que una tarde le llevaba a verlo y me pasó una copia del libro “Deconstruyendo Verdelpino” que me ha servido tanto para las pesquisas de los restos, como para la elaboración de esta entrada. 
Su generosidad y bondad era legendaria, y cuando nos vimos me regaló lo que ven en esta foto. Hace años me regaló una moneda romana.


 Una piedra de honda celtíbera. ¿Se imaginan esto a toda velocidad impactando a en la cabeza de alguien?


Gracias de todo corazón, Juanito, espero que en la próxima conciencia que tomes vida, guardes algo de esa personalidad liebreresca tan peculiar.

                   Homenaje a la Liebre de parte del artista conquense "El Manchas"



Por motivos variados, esta entrada permacerá hasta el domingo 26 de Febrero.  Nos vemos pronto.