domingo, 15 de enero de 2017

AL RÍO CUERVO POR EL VALLE DEL ARROYO MAILLOSO





Antes de que se pregunten si estas fotos son de ahora, decirles que son de hace un año, sirviendo esta entrada de recordatorio que este tiempo de mierda (discupen la expresión) que tenemos es bastante anormal, pues por estas fechas en la Serranía ya debería haber caído un buen nevazo por lo menos y más lluvia. Mientras lo seguimos esperando, os voy a relatar esta crónica.





Entre el pueblo de la Vega del Codorno (Cuenca) y los pueblos de Masegosa (Cuenca)/Peralejos (Guadalajara) hay una comarca de la Serranía muy extensa. En ella no hay pueblos, y es de transición entre la Serranía Alta y la Serranía Norte o Comarca de Beteta.

Esta larga carretera atraviesa de los más extensos y bellos bosques de pino albar, y transita justo por medio de dos cuencas fluviales; si vamos desde la Vega del Codorno en dirección Masegosa, a la derecha tendríamos la cuenca fluvial del río Tajo y hacia la izquierda la cuenca del río Cuervo, subafluente del primero. Lo dos ríos en todo este largo tramo están muy virginales y solitarios. Tanto que el avance por el Cuervo se antoja jodido de la feroz vegetación que habita, y el avance por el Tajo igualmente, por lo inaccesible y hosco que es su valle.

En esta entrada, vamos a recorrer un barranco perpendicular que lleva sus aguas al río Cuervo, el Arroyo Mailloso.

Como era Invierno, Ignacio y yo madrugamos bastante teniendo por delante unas buenas horas para intentar llegar al Cuervo y volver a subir por el barranco de este bello arroyo.

Sabíamos que nos podríamos encontrar nieve, y de hecho era posible que nos nevara, de ahí que echáramos la pertinente ropa, polainas y paraguas. Lo que suele pasar en estos casos que nos estamos habituando tanto a la escasez de nieve que nunca piensa que pueda caer tanto.

Toda una sorpresa el nevazo que nos cayó, proporcionándonos un perfecto día de monte y exploración.

 Así estaba el día cuando empezamos a andar. El coche lo dejamos en el km 70 de la carretera de la Vega del Codorno a Masegosa, y no muy lejos del asfalto, pues aunque llevábamos el todoterreno el suelo no estaba para bromas y de hecho nos quedamos atrancados, cosa que hizo, tras los pertinentes esfuerzos en sacar la rueda de la nieve, en que lo dejaramos pegadito a la carretera.


                                       Al principio era aguanieve, luego paraba algun rato.


                                       Para después empezar a nevar con fuerza.


Hay que decir que aunque esperábamos que pudiera nevar, no nos esperábamos encontrarnos tanta nieve, pero bueno era suficiente con botas y polainas. También comentar que en este principio de la ruta ibamos a andar por más de los 1600 metros, y cuando llegáramos al río Cuervo lo ibamos a hacer sobre los 1300, cosa que allí abajo la nieve iba a ser lluvia con total seguridad, según habíamos visto en la Meteo.


 Este nevazo suele traer consigo neblinas que hace que se oculten los caminos y sendas, por lo que hay que estar alerta y seguros de las decisiones de orientación.


              Por momentos la nevada iba a más, y no se veía más alla de unos cien metros.


                   Pero nos estaba regalando unas estampas serranas inolvidables.


 Con los pinos albares tronchado de la nieve. Que verdadera lástima que esto no ocurra más frecuentemente en nuestra sierra.


 Hemos bordeado el Monte Raso (1694 m) por el lado derecho y ya nos hemos puesto sobre el vallecete del Arroyo del Borbullón, afluente del Mailloso.


 Ahora comenzamos a descender metros siempre siguiendo el curso del arroyete para no extraviarnos.


 Hasta que aquello se abre un poco y aparece una gran explanada donde según nuestros mapas...


                           Hay unas tinás de ganado que cuesta verlas entre la nieve.


 Queremos encontrar un sitio seco y tapado donde poder almorzar y cambiarnos algunas prendas.


 Nuestro gozo en un pozo, pues están cerradas a cal y canto. Hoy toca almorzar con frío, nieve y ventisca.





    Corto vídeo para que se hagan una idea de tiempo que teníamos.


 En este puntal explanada que crea el Arrroyo del Borbullon se ven muchos restos de antiguas tinás.


 Este vallecete del Arroyo Borbullon se corta creandose el Puntal.  Lo que ven ahí abajo es el Arroyo del Borbullón que se pone ya fiero, ya barranco.


 Que va camino a encontrarse con el barranco del Arroyo Mailloso que es lo que habría al fondo a la izquierda.


 Bailando bajo la nieve con esos paraguas que gracias a ellos, podéis ver el reportaje fotográfico ya que no estaba el día para sacar mucho la cámara de fotos.


Aquí tuvimos uno de esos momentos de replantearnos la ruta de hoy, pues seguía sin cesar de nevar. Habíamos pensado que segun fueramos descendiendo de metros, dejaría de nevar pero no estaba sucediendo así. Ahora no teníamos claro si meternos dentro del cauce del Arroyo Mailloso y descenderlo, el cual se veía muy enfoscado de vegetación o subir a la parte alta del barranco con la niebla y ventisca sin conocernos el camino y avanzar por arriba. Yo estaba dudoso pero Ignacio estaba más confíado de que aún nos quedaban horas de luz para poder avanzar. Al final decidimos seguir avanzando y fue la opción idónea pues si es verdad que un poco más adelante, la nieve, la ventisca y la niebla se transformarón en lluvia, incluso el cielo llegaba a abrirse de vez en cuando mostrándonos jirones de ese color azul que hoy era impensable llegar a verlo.


 Otra cosa que ayudó a decidirnos fue ese especie de camino extraño que iba en dirección al Abocadero, donde se junta el Borbullón con el Mailloso.


 Un viejo y obsoleto camino que seguramente uniría las tinás del Arroyo del Borbullón con el río Cuervo. Estaría genial que aun se mantuviera limpio como en la foto pues llegaríamos en un santiamen al Cuervo.


                        Durante un tramo nuestras esperanzas se mantuvieron intactas.


    Al ver este reguero de agua pensé extrañamente que poca agua llevaba el Arroyo Mailloso.


 Pero rapidamente comprobé que nacía de una surgencia a modo de cuevecilla en la ladera.


 Llegamos ya al Arroyo Mailloso y lo que nos temíamos se cumplió: el avance por allí era imposible de la vegetación que se había tragado ese antiguo camino.


En este punto, teníamos que volver para atras, aunque pensamos que podíamos atajar subiendo por la nevada y enfoscada ladera. El punto a favor era que ya había dejado de nevar, el malo que pasamos un rato malo y penoso hasta que pudimos salir del barranco pero esto es lo que nos gusta a Ignacio y a mí, disfrutamos mucho en estos trances de lucha con la vegetación y los elementos.


 En mitad de la subida pude tomar esta foto de lo que se llama en los mapas el Abocadero, es decir, el punto donde confluyen el Arroyo Mailloso que viene desde allí enfrente y Arroyo Borbullón que es el que vendrían por la izquierda, y de donde venimos nosotros.


 Ya hemos llegado a la parte alta y ahora debemos avanzar sin perder la referencia del barranco del Mailloso a nuestra izquierda.


 Tras un rato avanzando, y comprobando como desaparece el temporal, vemos allí abajo el objetivo de nuestra ruta. Podemos comprobar que aquí no ha nevado apenas en comparación con la parte alta del barranco.


                    Bajamos a esos verdes prados del Arroyo Mailloso tan virginales.


 Por allí viene el arroyo. Uno de esos sitios tan recónditos que sería un sitio genial para un refugio.


                                   Al acercarnos al arroyo, oímos bastante estruendo.


 Habiendo allí una hermosa cascada, que es el principio del cauce del arroyo Mailloso entrando al valle fluvial del río Cuervo.


                         No es fácil sacar una buena foto, pero el lugar es espectacular.


                 Como espectacular es el color del agua del arroyo que viene del deshielo.


En este punto debo hablar del río Cuervo. Posiblemente es el más dificil de los rios conquenses. En contraposición a su nacimiento, espectacular, claro y para todos los públicos, el resto del recorrido del río está muy virginal y la vegetación muchas veces hace intransitable sus riberas y lo oculta a la vista. Esto es lo que nos pasó en este sitio, que estaba todo tan enfoscado y el suelo tan empapado, que no pudimos ni ver el río, por lo que decidimos tomar el camino de vuelta.



 Por no volver por el mismo sitio, lo haremos subiendo la empinada ladera y asi .....


                                poder otear el valle del río Cuervo desde más alto.



Desde aquí arriba por fin podemos ver un poco del feroz y agreste río Cuervo, el único río completamente serrano de Cuenca.


              Vista del valle si miramos en dirección río arriba, hacia la Vega del Codorno.


    Si miramos río abajo, vemos que cada vez son más altas las laderas del valle del río.



Hay que remarcar que aunque el temporal de nieve y ventisca se había ido, no había parado de llover en ningún momento, amen del frío que hacía. Aquí Ignacio y yo nos las apañamos para no volver a comer mojándonos.




         Cuando volvíamos pudimos tener esta vista del valle barranco de Arroyo Mailloso.


                         Y tambien de la explanada del puntal del Arroyo Borbullón.


Ahí en el borde se ve la casa donde intentamos almorzar por la mañana. Detrás se ve otra tiná reconstruida que no habíamos visto por  la mañana. A ella vamos.


Una entrada de MS sin que salga un hermoso árbol no está completa. En este caso una soberbia Sabina albar.


 Podemos ver como la pertinaz lluvia estaba deshaciendo la nieve a ojos vista. Que diferencia de paisaje con el de esta mañana.


                                           Esta es la otra tiná es bastante buen estado.



Y abierta como debe de ser y bien cuidada. La historia es que ya no necesitabamos parar y buscar cobijo, sino apretar el paso y volver al coche. Las rutas invernales hay que planearnas para volver por lo menos con una hora de antelación antes de que llegué la noche.



Sólo nos quedaba llegar al coche, cambiarnos de ropa e irnos al bar de la Vega del Codorno a tomarnos, Ignacio un café con leche calentito, y a mí tambien me hubiera gustado algo caliente, pero mi vena cervecera tira mucho, y me pimplé dos tercios que me supieron a gloria. Todo ello al lado de una estufa de leña, mientras no se nos podía quitar la sonrisa de satisfacción por el gran día de monte que habíamos tenido.

                                                          Plano con la ruta realizada.


                                                          ¡¡Hasta la semana que viene!!